Llegada al Paraguay de las hermanas

En 1945 el ministro de Salud Pública de Paraguay, a través de la curia metropolitana, solicitó a las Hermanas para la atención de los enfermos en el sanatorio de aquella capital. La Madre Provincial, Hna. Helena Costa, y su vicaria, Hna. Rita Ronchi estuvieron en aquella ciudad para firmar el contrato. Después de visitar el lugar destinado a los enfermos de pulmón en periodo de convalecencia, y de haber intercambiado ideas respecto del régimen administrativo y de la asistencia a los pacientes, se formuló un convenio por el cual la Congregación quedó comprometida a enviar seis hermanas, entre las cuales cuatro eran enfermeras diplomadas. El día 23 de Junio de 1945 parten de Bs. As. Las hermanas fundadoras para embarca en el puerto del Río de la Plata, para llegar al puerto fluvial de nuestro país. Después de 5 días de navegación, llegan a Asunción. Fueron recibidas por el director del sanatorio de Bella Vista, profesor Juan Max Boettner, y otras personalidades que acogieron a las hermanas y las condujeron al sanatorio.

Historia del Colegio

A medida que paso el tiempo las hermanas fueron ganándose el cariño de la gente y fue así que parte de la Curia metropolitana decidió regalarles un terreno, que se fue agrandando con las donaciones de la Sra. Guanes Machain, y con la donación de la calle que unía ambas propiedades por la Municipalidad de Asunción. Así en ese terreno en octubre de 1952, se colocó la piedra fundamental para la fundación de un templo donde se ejercite la admisión de ilustrar las mentes y formar el corazón de la niñez y la juventud.

Desde el primer momento, grupos de padres y vecinos se asociaban para trabajar en beneficio del Colegio. Los primeros padres asociados donaron el alambrado para cercar el colegio y ladrillos para la construcción.

El antiguo pasillo que se fue abriendo se convirtió en avenida llamada primeramente Olimpo, luego Kubitschek y actualmente Brasilia.

La construcción del colegio comenzó en 1956. El día 22 de enero de 1961, llegaron desde Buenos Aires las religiosas que debían integrar la nueva comunidad del Colegio Nuestra Señora del Huerto.

Esta primera institución educativa de la congregación en tierra paraguaya, lleva ese nombre en honor a la Madre y patrona de la congregación la Virgen del Huerto. El principal fin que movía a las religiosas a fundar este colegio en nuestro país, fue el de llegar a la niñez paraguaya e impartirles con la ciencia y las enseñanzas del evangelio.

El colegio inicio sus actividades escolares el día 2 de marzo de 1961, con un total de 210 alumnos, desde el jardín de infantes hasta el 4to. Grado. La primera Directora fue la Hermana María Filomena Vega y como primera Madre Superiora asumió la hermana Maria de la Paz Raponi.

Al año siguiente, en 1962, se creó el 5to. Grado que conto con 23 alumnos. Seguidamente, en 1963, se creó el 6to. Grado, quedando así completo el ciclo primario. Posteriormente se vio la necesidad de crear el nivel Secundario. El 12 de Marzo de 1969 comienza a funcionar el primer curso del ciclo básico, hoy el 7mo. Grado con 31 alumnos de ambos sexos. A partir de ese año, en forma sucesiva, se llego hasta el 3er curso del ciclo básico, que hoy es el 9no. Grado.

Filosofía educativa

Fundamentándose en el Marco Educativo de la Iglesia Católica y en la Propuesta Institucional de nuestro Proyecto Educativo, el Colegio se propone la educación en valores que oriente toda la concepción y actitud curricular de la comunidad educativa.

Para ello sustenta la práctica de una educación personalizada, a fin de lograr la formación integral de la persona, abierta al compromiso, siguiendo a Cristo y enfatizando la vivencia de valores cristianos, éticos y morales a la luz del Evangelio.

Nuestra visión

Evangelizar educando con una pedagogía basada en el amor, de acuerdo al carisma del Padre Fundador San Antonio María Gianelli, teniendo a Cristo como centro y fundamento de vida y a María Santísima del Huerto como modelo del quehacer educativo.

Nuestra misión

Promover todas las potencialidades del educando para que crezca y madure en su dimensión personal, singular, social y trascendente.

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